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 Poemas del escritor español Antonio Fernández Molina, presentados por la Tertulia Gabirol en el ciclo Poesía con Hielo en el Café Desafinado de Zaragoza.
LA NOCHE
Las carretillas del ruido se mueven
En todas direcciones. La noche tiene
La boca abierta,
Y puertas de ojos encendidos.
Mujer desvelada,
La noche ríe y bebe.
Los automóviles rodean su busto,
Sobre su jersey desciende polvo luminoso,
Sus pies ríen bajo las estrellas,
Pisan una alfombra imposible.
Un sombrero y un abanico, vuelan.
Algunas ancianas toman baños de luz,
Cubren su cabeza con años
Y con desesperación.
Mas allá de sus pensamientos, los jóvenes
Alargan el azúcar del mundo
Con los cantos rodados de sus rodillas.
Fuman, fuman.
Lejos, un animal con dos cabezas
Pasta en las terrazas de los bares.
Las farolas también fuman,
Los bancos del paseo
Cobijan niños y desvalidos.
Pronto empezarán a andar
Equipajes sin dueño.
La noche cruza un bosque subterráneo
Un mar aéreo. Una muchacha
Mastica chicle aromático
Envuelto en papel de periódico.
Otra muchacha suelta
Desde su pierna escayolada
Un reguero de sal.
Llegan hombres invisibles.
Por el dogal de sus corbatas
Salen sus voces ahogadas.
Un golpe de platillos
Rompe la presa del silencio
Y se precipitan ruidos como plumas.
Espaldas en forma de vasijas,
Caretas pintadas de juventud,
Cubren esqueletos simiescos
Que taconean como yeguas.
Miradas, uñas y zapatos, se colocan de lado del viento.
Convertida en carne y pelo de velocidad
La noche gira al revés
Y aparece suntuosamente amueblada.
Luego la ciudad se sumerge.
SIESTA
El día descarriló
En un recodo de la vía.
Bajo mi almohada, la ciudad
Navega sobre café con leche.
Por mis pies entra el sueño
Y mi cabeza
Se coloca al revés
Bajo las vigas del techo.
En mi cerebro las imágenes
Avanzan como hormigas.
En mis pulmones, se mueven
Las aspas de un molino....
Viajo dentro de un sobre...
CONVALECIENTE
Sale del pueblo, camina
Por un sendero sin transitar.
A ambos lados del campo
Espulga la soledad y el paso del tiempo.
Ve peñascos y un pequeño rebaño
Sube despacio una pendiente.
Bajo el cielo inflamado escucha
Rayos de luz efímeros.
Está convaleciente, camina
Cerca del precipicio
De la felicidad,
Como sobre una alfombra de humo,
Frente a la sierra.
LA POESÍA
-¿Dónde crees que está
la poesía?
-Está ahí
o en cualquier parte.
Alterna con los golfos,
Madruga para segar trigo,
Se la encuentra en la calle
Mientras medita,
Se estira una media y llora.
En los actos solemnes
No guarda compostura.
A veces se acuerda de Dios.
CANSADO Y CASI ENFERMO
Cansado y casi enfermo
Se encamina a su casa
Arropado en su sombra
Ya cerca de su casa acude a su cuerpo
Una energía súbita.
Sube en volandas
Las escaleras de su alcoba.
La sombra quedó atrás y llega jadeante
Está cerrada la puerta. Por fortuna
Hay una ventana
Cuando la sombra llega a la alcoba
Ya descansas el hombre en el lecho.
Su alma sueña. La sombra
Se tiende sobre las ropas
Y moldea el cuerpo.
CON GUANTES DE BOXEO
Con guantes de boxeo
Llega hasta mi lecho,
Muchas noches, el sueño.
A pelear viene dispuesto.
Recibo sus golpes en la sombra.
Nunca venzo.
Cuando despierto
Me levanto dentro
De mis emociones y las siento
Cual frotadas con lija
Y borrado su sello.
DORMIDO SOBRE UN LLANTO ESPESO
Dormido sobre un llanto espeso,
Estoy cual hecho
De leche tibia.
No me abandona
El contacto húmedo, consecuencia
De una lluvia horizontal,
Con descarada cara de muñeca.
Cuando ya estoy despierto
Soy el que está dormido.
Agarro con mis manos
El único posible desenlace
De la corriente de un río
Con las orillas impares.
OLVIDARLOS NO PUEDO
Olvidarlos no puedo
Pues cada día los veo
A cada paso a mis muertos.
Amigos son, compañeros
Que en otros días se fueron.
Sin buscarlos los encuentro
En el cine, en el concierto,
Por la calle, en el paseo.
Vivos me parecen ellos,
¡tan vivos como yo, al menos!
Y no productos del sueño.
ESTAMPA DE ANTAÑO
Va delante el asno
En uno y otro costado
La cuelga y arrastra
La leña. El paisano
Tiene entre cuarenta
Y setenta años.
Lleva una rama entre los labios.
Y la boina ladeada.
Con una vara le azuza al asno.
Al entrar a la aldea
Rozan la barda
Del jardín del cacique
Y entran al paraíso de los gatos.
LA NOCHE Y EL DÍA
La noche y el día
Cambian de dirección.
Las carcajadas se zambullen
En las piscinas de los besos.
Las sonrisas desaparecen
Por el hueco de las chimeneas.
Junto a una lámpara
Habla un libro.
Del principio al final cuenta
La Historia del Anillo Encantado.
La rueda del tiempo puesta en marcha
Cruza el secreto del musgo.
UN EXTRANJERO
Un extranjero piensa
Que se aleja su bastón
Y se sienta cansado
En una plaza solitaria.
Cuenta las pisadas de los bueyes,
Aspira el olor de los excrementos,
Suspira. Ha olvidado la guerra,
Los trabajos desalentadores,
Las competiciones atléticas
En busca de un trofeo,
Las amistosas
Conversaciones animadas
Y los golpes con el puño
Sobre los huesos de los veladores.
Borracho de humo y de palabras
Descansa y espera
Un zepelín o pez enorme
Que ocupe en el aire
El espacio de esta plaza.
©Antonio Fernández Molina
· Antonio Fernández Molina (Alcázar de San Juan, España) 1927. Poeta, novelista , pintor y crítico de arte, entre otras actividades creativas. Siempre original y cáustico, muy vinculado con las vanguardias del siglo XX, de manera especial con el Postismo. Crea en 1951 la revista Doña Endrina. Fue secretario de redacción de la revista Papeles de Son Armadans
Ilustración: Juguete Romántico
©Ántonio Fernández Molina
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